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¿Qué es la manufactura avanzada?

Recientemente, los gobiernos han mostrado un interés renovado en el valor de la industrialización y su potencial para impulsar el desarrollo. Este nuevo enfoque de la industria manufacturera reconoce las deficiencias de la fase previa de industrialización, a la vez que admite que todos los casos de crecimiento inclusivo y sustentable en todo el mundo se han asociado con políticas de desarrollo a favor de la industria manufacturera.1

La industria manufacturera es un indicador clave de solidez y resistencia económica. Esto no solo se debe a su capacidad inherente para la creación de carreras de alto valor, sino también a que reduce la vulnerabilidad de las variaciones de precio que afectan los ciclos de crecimiento.

Los estudios demuestran que cuanto más avanzado sea el tipo de industria, mayor será el efecto multiplicador tanto para los insumos manufacturados como para el sector de servicios.2

Las actividades industriales están integradas en cadenas de valor cada vez más ricas y complejas, vinculando a las grandes corporaciones con pequeñas y medianas empresas (PyMEs) en todos los sectores y países. Además, cuanto más se apoye el sector manufacturero de un país en las cadenas de suministro nacionales, mayor será el potencial impacto multiplicador.

Este efecto multiplicador puede verse a nivel nacional y regional. Los economistas han informado que, en promedio, USD 1 de producción manufacturera genera USD 2,30 en la producción total para la economía, un multiplicador económico mayor que el de cualquier otro sector.3 Además, la Unión Europea estima que cada puesto de trabajo adicional en el sector manufacturero crea de 0,5 a 2 puestos en otros sectores; es decir que casi uno de cada cuatro puestos de trabajo en el sector privado son de esta industria.

La importancia económica de las actividades industriales es mucho mayor que la sugerida por la participación de ese sector en el PBI. La industria representa más del 80% de las exportaciones en Europa y el 80% de la investigación e innovación privada.

Podemos ver, a su vez, este efecto multiplicador como una empresa química que convierte el gas natural en productos derivados innovadores. Por cada dólar que Dow gasta en gas natural como materia prima, crea USD 20 adicionales de producción bruta. Cada puesto de trabajo en una instalación petroquímica crea cinco puestos de trabajo fuera de ésta. La cadena de valor por sí sola crea decenas de miles de puestos de trabajo.

La industria manufacturera también desempeña un papel significativo en los flujos de inversión. Según el Informe sobre las Inversiones en el Mundo 2016 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), el sector representó el 27% de la entrada de capitales de inversión extranjera directa (IED) mundial en 2014.

Por lo tanto, la pregunta no es si los países que buscan desarrollarse deberían aplicar políticas activas a favor de la industria manufacturera, sino qué tipo de políticas activas deberían implementar para crear una vía hacia el crecimiento sustentable.

El primer paso para lograrlo es vincular la estrategia de desarrollo de un país con su ventaja competitiva y concentrar los esfuerzos en los recursos más abundantes del país con el fin de sacar provecho de sus sectores más fuertes. Cuando los gobiernos organizan y priorizan las políticas de esta manera, la economía se vuelve más productiva y competitiva, y acumula capital físico y humano con más rapidez.

En este modelo, el Estado debe actuar como facilitador del necesario cambio estructural. Para la Argentina, esos cambios significan agregar valor a las materias primas y los recursos naturales como una forma de evitar un retorno a la simple producción de bienes primarios para, así, enriquecer el perfil de exportación del país y prevenir la pérdida de trabajos de alta calidad ante los países donde se procesan esas materias primas.4

Además de incentivar la inversión extranjera directa en el sector industrial del país, el gobierno argentino debe continuar abriendo sus abundantes reservas de gas no convencional a operadores externos que poseen la experiencia necesaria para liberar energía accesible, que podría impulsar un significativo auge económico.

La vía de progreso para la Argentina es la energía. Es el sustento de una economía sólida. En el corto plazo, podría crear a miles de puestos de trabajo e ingresos en los territorios que producen gas y petróleo. Por ejemplo, hay evidencia de que el sector energético tiene un efecto multiplicador de empleo particularmente alto; en 2012, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) informó que el sector energético fue el responsable de la creación de un 9% de los nuevos puestos de trabajo en los Estados Unidos ese año. Esto sugiere que el sector energético no convencional de la Argentina podría crear fuertes conexiones hacia atrás en la cadena productiva y nuevos puestos de trabajo, ya que respalda a una base de manufactura sólida y en crecimiento.

A su vez, fortalecerá el excedente comercial del país al reducir las importaciones de energía y le permitirá al Banco Central aumentar sus reservas internacionales de dólares. En el largo plazo, una política de energía sólida y sustentable le permitirá a la Argentina impulsar su economía y atraer a un innovador y dinámico sector manufacturero.


A medida que la Argentina trabaja para crear su base manufacturera, las inversiones para la producción de gas natural accesible y abundante son la clave para crear un ciclo virtuoso.

No solo se crean puestos de trabajo, sino que las operaciones industriales traen aparejadas la investigación e innovación. Una mayor rentabilidad fomenta más inversiones en operaciones e investigación, y aumentan los ingresos fiscales. Se fortalecen las comunidades y se mejoran las escuelas a causa de la prosperidad y el compromiso de los fabricantes. La fuerza laboral del futuro se siente inspirada y está lista para innovar.

La manufactura ha incrementado sustancialmente el estándar de vida de los consumidores en el exterior y lo hará en la Argentina si se promulgan políticas energéticas y fiscales razonables. Los fuertes aumentos en la productividad, los rápidos avances en la innovación y la competencia internacional han derivado en una deflación general de los bienes manufacturados en todo el mundo.

La manufactura de alta tecnología les proporciona a los consumidores más bienes a un menor costo, y así es cómo las economías desarrolladas equilibran el flujo comercial y satisfacen las necesidades de sus ciudadanos. La meta de la Argentina debería ser una base manufacturera dinámica.

Dow lidera el desarrollo y la promoción de un modelo innovador que promete revolucionar el enfoque industrial argentino. Esta alternativa considera incorporar innovación en los sectores público y privado, y sacar provecho de los ricos recursos naturales del país.

Relacionadas

1
Ernesto Stein, Eduardo Fernández-Arias y Eduardo Arias, ¿Cómo repensar el desarrollo productivo?, Washington D.C., BID (2014)
2
Consulte Keith Nosbusch y John Bernaden, “The Multiplier Effect”, Manufacturing Executive (marzo de 2012): 2-9.
3
Ibíd.
4
Justin Lin, op. cit.

Resumen Ejecutivo

¿Qué es el Plan de Manufactura Avanzada
para la Argentina?