Agricultura

Reseña

El sector agrícola es de crucial importancia para la economía de la Argentina y debería ser uno de los pilares sobre los que el país desarrolle su capacidad de manufactura avanzada.

Si bien la producción agrícola primaria representa únicamente el 5% del PBI, cuando se tienen en cuenta las agroindustrias, el PBI del sector en el país asciende al 20%. A pesar de las restricciones pasadas, en la última década el sector agrícola se ha convertido en uno de los segmentos más dinámicos de la economía de la Argentina, en parte debido a un incremento en los precios internacionales de las materias primas.
En la actualidad, los agricultores siembran alrededor de 32 millones de hectáreas de semilla, 14% más que hace diez años y 90% más que durante la década de 1990.

La producción total de los cultivos principales del país ascendió a 105 millones de toneladas en el año fiscal 2015, en comparación con 67 millones de toneladas en el año fiscal 2003. En la actualidad, la Argentina es el productor agrícola per cápita más grande del mundo.

Otros factores que contribuyeron con el crecimiento del sector son los cambios tecnológicos significativos que han realizado las empresas en la forma en que hacen negocios. La Argentina es el tercer productor más grande de cultivos biotecnológicos en el mundo, cubriendo 24,4 millones de hectáreas, y el líder en términos de terreno cultivable total.

Toda la soja y más del 90% del maíz que se producen en la Argentina están modificados genéticamente.5 Además, alrededor del 90% de los agricultores usan inoculantes y tecnología de siembra directa, mientras que el 60% usa fertilizantes. Tecnologías recientes como la silo bolsa y la agricultura de precisión, en cuyo desarrollo las empresas argentinas desempeñaron un papel significativo, se usan en más del 45% de los campos. A su vez, muchos campos han incorporado prácticas de gestión modernas y han evolucionado de la producción propia o agricultura propietaria a una producción agrícola basada en contratos.

Este crecimiento ha reafirmado la condición del sector agrícola como un impulsor clave de las exportaciones. Entre 2011 y 2015, los productos agrícolas primarios y la manufactura relacionada con la agricultura contribuyeron un promedio de USD 43.000 millones anuales a la economía de la Argentina o el 59% de las exportaciones totales. La soja y sus derivados representaron más del 40% de estas ganancias. En comparación, los productos manufacturados no agrícolas (por ejemplo, químicos, automóviles, maquinaria) generaron exportaciones por USD 24.000 millones (34% de los ingresos totales por las exportaciones), mientras que la energía ganó USD 5.000 millones (7%). Además, los sectores agrícola y agroindustrial son los únicos proveedores netos de divisas extranjeras, ostentando una relación de 13:1 de exportaciones a importaciones, mientras que las balanzas comerciales de todos los demás sectores continúan registrando un déficit.

Destacados

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Llach et al. han estimado que, teniendo en cuenta tanto los trabajos directos como los indirectos, los productores agrícolas representan el 18% del empleo.

¿Qué más se necesita?

La Argentina tiene una población de 40 millones de personas pero produce alimentos suficientes para 400 millones. A pesar de su impresionante crecimiento, y en parte debido a su eficiencia, el sector agrícola no es responsable de una creación de puestos de trabajo significativa. Los productores agrícolas emplean a aproximadamente 350.000 personas, solo un 5% del total de los trabajadores registrados; cuando se incluye a los fabricantes relacionados con la agricultura, el total asciende a un 8%.6 Por ende, la Argentina debe encontrar formas de agregar valor a su producción agrícola y, consecuentemente, incrementar la capacidad de creación de puestos de trabajo del sector.

En el sector primario, el país debería continuar desarrollando y empleando tecnologías modernas para los insumos. El desarrollo en la Argentina de una industria semillera local dinámica es un ejemplo de lo que se puede lograr en los campos de la biotecnología, los agroquímicos y los fertilizantes.

De hecho, el sector agrícola ya ha comenzado a realizar un avance. Varias organizaciones públicas y privadas se encuentran en el proceso de desarrollar organismos modificados genéticamente (OMG) adaptados especialmente a las necesidades de la Argentina. La industria de los fertilizantes es un buen ejemplo: el país tiene reservas sin explotar de fosfato y potasio, pero continúa dependiendo de los fertilizantes importados.

Hacer que los fertilizantes sean más accesibles podría ayudar a los agricultores a mejorar los niveles de nutrientes en su suelo y, así, incrementar la productividad.

En el sector secundario, la Argentina necesita promover el desarrollo de industrias relacionadas y la transformación de la proteína vegetal, como aquella que se extrae de la soja, en más productos de gran valor, entre ellos biocombustibles y productos alimenticios elaborados. La industrialización de la soja y el maíz ha ganado terreno en los últimos años, pero aún resta mucho más por hacer. Por ejemplo, la Argentina aún exporta alrededor del 60% de su producción de maíz, mucho más que otras potencias agrícolas como Brasil (50%) y los Estados Unidos (14%).

Un ejemplo de la transformación de materias primas en productos de gran valor es la fabricación de maquinaria agrícola que se desarrolla principalmente en las provincias de Santa Fe y Córdoba. Desde 2003, las ventas totales de maquinaria que generó el grupo han aumentado de USD 562,2 a USD 1.017 millones en 2015, las exportaciones se incrementaron en un impresionante 2.405% hasta 2012, disminuyendo luego, y el número total de empresas de exportación se ha incrementado seis veces (de 15 a 94). En la actualidad, el grupo emplea de manera directa e indirecta a 80.000 personas.

La Argentina podría concentrarse en mejorar el valor agregado de dos industrias adicionales: la producción láctea (que tiene un efecto multiplicador del 6,1) y la producción cárnica (con un efecto multiplicador del 5,5). En el primer caso, debe señalarse que, en la actualidad, el sector tambero argentino atraviesa una profunda crisis causada por factores externos (una pobre demanda extranjera y precios bajos) e internos, principalmente la valoración de la moneda y los daños por mal tiempo.

Para lograr nuevamente una vía hacia el crecimiento para la producción láctea es necesario que la Argentina obtenga acceso a nuevos mercados. En el segundo caso, el país exportó únicamente el 7% de su producción total de carne en 2015, principalmente a causa de la valoración de la moneda y restricciones al comercio de la carne. Sin embargo, el país ha logrado mantener su reputación internacional como un proveedor de alta calidad, y la reapertura del mercado de los Estados Unidos se aguarda con mucha expectativa. Esto crearía puestos de trabajo en la industria de la alimentación animal y la industria de procesamiento de carnes.

Lo que hace Dow

La unidad de negocios agrícolas de Dow, Dow AgroSciences, es la tercera empresa más importante en el mercado argentino.

Le brinda soluciones a los clientes para mejorar la productividad hasta los niveles de sustentabilidad más altos, con el fin de satisfacer las necesidades de una población mundial en crecimiento.

La empresa produce y comercializa productos que contribuyen con el crecimiento del sector agrícola de la Argentina, como eventos biotecnológicos, protectores de cultivos, semillas y aceites saludables.

Dow ha desarrollado soluciones innovadoras para producir silobolsas, elaboradas a partir de resinas de polietileno especiales que diseña Dow. Su unidad de plásticos especiales y de alto desempeño proporciona el 100% de las resinas de polietileno perfectamente alineadas con las necesidades de los clientes. Las resinas tales como la DowLex, responsable de la resistencia mecánica de las bolsas, se generaron a partir de una solución tecnológica registrada y desarrollada por Dow.

Dow ha desarrollado un sistema de control de malezas denominado Enlist, una nueva tecnología que se originó a partir de eventos biotecnológicos de tolerancia a los herbicidas y Conkesta (tolerancia a los herbicidas + productos Bt) y que verdaderamente revolucionará el modelo productivo de la Argentina. La nueva tecnología podría evitar la pérdida de 2,8 millones de toneladas de producción y USD 930 millones en ingresos.

Dow espera lanzar una amplia variedad de productos y moléculas de insecticidas, herbicidas y semillas nuevos en el corto y mediano plazo para el control de las malezas, los insectos y las enfermedades para, así, ayudar a los productores a sacar el máximo provecho de su tierra, considerando los estándares más importantes para la preservación de la calidad de la tierra, el agua y el aire, y produciendo un impacto real en la generación de empleo.

Recomendaciones

Revisar y actualizar el marco legal actual sobre las innovaciones fitogenéticas y semilleras con el fin de ajustarlo a los requisitos de una industria tecnológica más moderna, protegiendo la propiedad intelectual y estimulando el desarrollo de biotecnología.

Promover una alianza con Brasil y otros miembros del MERCOSUR para transformar la región en un centro mundial para la producción de alimentos y energía sustentable. Una alianza de este tipo mejoraría la capacidad de negociación de la región con sus socios comerciales actuales y futuros, y ayudaría, al mismo tiempo, a promover la industrialización de la producción agrícola del país.

Promover inversiones en I+D en el sector agrícola, especialmente aquellas relacionadas con la biotecnología, los agroquímicos, las semillas y los fertilizantes. Esto implica forjar una colaboración más fuerte entre las universidades, el sector privado y los institutos de investigación nacionales, como así también mejorar el marco regulatorio para la propiedad intelectual.

Fomentar el desarrollo local de OMG, teniendo en cuenta las condiciones agronómicas locales y garantizando su acceso a todos los productores agrícolas (entre ellos los pequeños productores). Establecer incentivos fiscales para el uso de semillas controladas.

Mejorar la implementación del marco regulatorio actual sobre la biotecnología agrícola con el fin de promover las aprobaciones de sincronicidad con los compradores como por ejemplo, China, la Unión Europea, Rusia, entre otros.

Fortalecer el Clúster de la semilla, una iniciativa pública y privada que incluye al INTA, al INASE y a la ASA, junto con las ciudades de Venado Tuerto y Pergamino. El objetivo es incrementar la masa crítica de la industria semillera.

Establecer un marco que facilite la contratación de trabajadores temporales y mejore sus condiciones laborales.

Crear incentivos fiscales y subsidios para los emprendedores en agroindustrias, pequeñas y medianas empresas, y nuevas empresas.

Promover la preservación de los recursos naturales de la Argentina y la adopción de mejores prácticas agrícolas. Elaborar una política pública y privada activa con el fin de comunicar y educar sobre las semillas, la mejora vegetal y la biotecnología, entre otros temas. Además, promover un estándar adecuado para una rotación de cultivos más equilibrada, principalmente en los cultivos de verano.

Promover un mecanismo claro de control para garantizar el pago de nuevas tecnologías para cultivos autógamos.

Estas medidas fomentarán la inversión en I+D para el área, con la consecuente creación de puestos de trabajo, un mayor valor agregado y el incremento de la producción agrícola.

La sustentabilidad de la producción agrícola. Promover prácticas de campo, como el sistema de gestión integrada de insectos y malezas o la correcta rotación de cultivos. Esta acción debe llevarse a cabo necesariamente de manera conjunta entre el estado, la industria y los productores.

La correcta gestión de productos para la protección de cultivos. Promover la colaboración entre los sectores público y privado para capacitar a todos los usuarios de agroquímicos en relación con las mejores prácticas.

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